14/01/2021
Antigua Roma al Día

La historia de la antigua Roma no se puede entender sin sus crímenes. En muchas ocasiones, los cambios más radicales de esta sociedad se produjeron a partir de un crimen sangriento. Incluso la fundación de Roma está basada en un crímen: el asesinato de Remo a manos de su hermano Rómulo.

En Roma los asesinatos estaban a la orden del día, sobre todo si su motivación era el poder. Grandes nombres de la historia romana estuvieron involucrados en terribles crímenes, empezando por el venerable Augusto, que en su juventud fue más parecido a un cruel criminal…

Se ensañó con Marco Antonio y Cleopatra, aunque también con los asesinos de su padre adoptivo, Cayo Julio César, quien, por su parte, también recibió una buena dosis de crimen romano en el pecho durante las idus de marzo del año 44 a. C. 🗡️🗡️🗡️

Y aunque este último sea, seguramente, el más famoso de los crímenes romanos, y haya otros muchos personajes destacados de la historia de Roma como Domiciano o Cómodo, que fueron asesinados, hoy os quiero hablar sobre uno más antiguo y, quizá, algo menos conocido, pero no por ello menos importante, porque este crimen seguramente fue el antecedente que sentó las bases del asesinato institucionalizado en la antigua Roma. Porque ni siquiera cuando los romanos expulsaron a su último rey lo mataron. Aquello no habría sido moralmente aceptable.

Pero en este caso, un hombre llegó tan lejos que la única salida era acabar con su vida. Su asesinato tuvo lugar en el año 133 a. C. ¿Queréis saber de quién os hablo?

Ni más ni menos que de Tiberio Sempronio Graco.

Tiberio era hijo de Cornelia, la hija del gran general romano Publio Cornelio Escipión Africano. Esta mujer, a la que la historia conoce como «MATER GRACCHORVM» (madre de los Graco), tuvo doce hijos, aunque solo los conocidos hermanos Tiberio y Cayo y su hermana Sempronia llegaron a la edad adulta.

El caso es que seguramente te suena eso de «los Graco» y quizá hasta los asocies con villanos romanos, al fin y al cabo, como tantos otros «villanos» de la antigua Roma, ya sabes que estos van a acabar mal. Y así es como autores como Apiano quisieron retratarlos: traidores a la patria. Aunque ya se sabe que los sesgos en aquella época se expresaban sin complejos al escribir sobre el papiro. Lo que las fuentes quieren decir es que Tiberio y más tarde Cayo fueron traidores a su clase.

Pasaba la mitad del siglo II a. C., Roma había conseguido derrotar a su gran enemigo cartaginés y ya extendía su Imperium por buena parte del Mediterráneo. Esto generaba dos cosas buenas (para la aristocracia), abundancia económica y una fuerte oferta de esclavos en Roma.

Los aristócratas compraban montones de esclavos para que cultivaran por ellos las tierras que, cada vez más, acumulaban en su poder. Y esto era algo que la mayor parte de los ciudadanos despreciaba al pensar que con tanto esclavo que venía de fuera, pronto habría más que romanos e incluso que eso era un problema para la estabilidad del poder romano. Me suena esto de algo y no se de qué… en fin, sigamos.

En realidad el problema no eran los esclavos, sino los aristócratas que acumulaban todas las tierras en su poder, ahogando a la amplia plebe rural romana cada vez más. Y aquí es donde entra en escena nuestro Tiberio Sempronio Graco, elegido tribuno de la plebe en el año 134 a. C. Él sabía que la culpa de aquella situación no era de los esclavos por lo que, haciendo honor a las responsabilidades de su cargo, decidió ayudar al pueblo romano a resolver la cuestión.

Organizó una asamblea popular en la que (según fuentes apócrifas😉) a punto estuvo de ponerse a cantar la Internacional, puesto que planteó una reforma agraria que pretendía redistribuir la propiedad de la tierra entre todos los romanos. Y todo esto en el s. II a. C. ¿cómo te quedas?

Bromas aparte, Tiberio quería que la tierra pública (ager publicus) usurpada por la aristocracia fuera redistribuida entre todos los ciudadanos como marcaban antiguas leyes romanas que todo el mundo se pasaba por el forro de la toga… Cuando se planteó que cada ciudadano no pudiera tener más de 500 iugera (unas 125 hectáreas) de tierra pública en su poder, las clases aristocráticas y senatoriales pusieron el grito en el cielo. Era un ataque frontal contra su fuente de riqueza y eso no lo podían permitir.

Después de intentos por vetar y tumbar la nueva ley, esta finalmente se aprobó gracias a estrategias políticas de Graco y sus seguidores. Una facción del Senado, rabiosa por este ataque, llegó a discutir en una reunión abiertamente sobre la única posibilidad que quedaba…

Asesinar a Tiberio Sempronio Graco.

Esto si que nos os lo esperabais…

Y así lo hicieron. Cuando una buena parte de la plebe se reunía en la colina Capitolina para reelegir en el cargo a Tiberio, una masa enfurecida de aristócratas se abalanzó contra ellos armados, pero no con espadas (al ser un lugar sagrado) sino con estacas y trozos de madera. Algunos senadores incluso habían arrancado las patas de las sillas de la Curia y armados con ellas dieron muerte a unas 300 personas que estaban allí para apoyar a su tribuno. Entre los muertos, por supuesto, estaba el propio Tiberio Sempronio Graco.

Años más tarde, Cayo, hermano de Tiberio, defendería una vez más las reformas agrarías produciéndose una verdadera sublevación que acabó con el suicidio del propio Cayo, que había sido declarado enemigo del estado y con la ejecución de más de 3000 de sus partidarios. Así fue cómo Roma aprendió que el crimen podía ser utilizado como arma política de forma natural.

Las reformas de los Graco fueron destruidas, pero el inmovilismo de una República dominada por una aristocracia corrupta acabaría por destruirlos a ellos. El crimen en Roma evolucionaría desde ese momento de formas diversas, pero la violencia aristocrática y senatorial contra aquellos que no seguían sus normas se mantuvo en el tiempo. Personajes como César, Nerón, Domiciano o Cómodo fueron víctimas del Senado romano. Aunque solo el primero de ellos tuvo un heredero vencedor que ensalzó su figura tras su muerte. Los otros tres y algunos más solo encontraron a autores prosenatoriales que destruyeron su memoria solo porque eran hombres que no respetaron la ficción republicana de un Senado que había visto arrebatado su poder.

Un verdadero crimen que ahora investigadores y divulgadores tenemos el deber de enmendar.

Néstor F. Marqués – Coordinador de Antigua Roma al Día

Comentarios (2)

  1. Me ha encantado el artículo. Muchas gracias por descubrirnos siempre historias tan interesantes y tan bien contadas.

  2. Ha sido un deleite, la narrativa. GRACIAS

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