23/08/2017
Antigua Roma al Día

Hace ya algunos años que se estrenó la película “Pompeya” y que hicimos esta crítica. Pero nunca esta de más recordar las advertencias sobre esta película. Tanto si la has visto como si no, esta crítica es para ti.

Ante todo, queremos dejar claro que esta es una crítica a nivel histórico y arqueológico, por lo que si quieres ver la película sin preocuparte de anacronismos o errores históricos, puedes hacerlo sin problemas. Trataremos de no revelar detalles clave de la trama para quien quiera ver la película, pero el que no sepa que el volcán va a entrar en erupción, llega 2000 años tarde al spoiler.




Pompeya se presenta como una película de actualidad ante el aluvión de documentales, exposiciones y demás información que estamos teniendo últimamente sobre la ciudad enterrada por el Vesubio. La historia comienza, como tantas otras películas del género, en Britania donde el protagonista de la película, todavía un niño, ve como todo su pueblo es asesinado a sangre fría por un destacamento romano dirigido por un tal Quinto Atio Corvo -en la ficción, futuro senador de Roma-. Su odio contra Roma brota entonces en lo más profundo de su ser.

El pobre Milo, que tiene un nombre muy griego a pesar de pertenecer a un pueblo Celta, se convierte entonces en un despiadado gladiador de provincia que lucha contra unos, sorprendentemente bien caracterizados gladiadores para el nivel del resto de la película -incluso aparece un Scissor- que sin embargo por se enfrentan todos con todos sin orden ni concierto.

El talento sanguinario de Milo está desaprovechado, por lo que le trasladan a la que en la película parece que es la ciudad más importante del mundo después de Roma: POMPEYA. Gente llegada de todos los confines del Imperio ha viajado en esos días hacia Pompeya -debe ser que no les gustan sus propias ciudades-. No terminamos de comprender por qué le otorgan una importancia tan alta a una ciudad que era como cualquier otra en la zona; pero claro, Pompeya es Pompeya -por cierto que Herculano no parece existir en la película; ni una triste mención-. Una Pompeya que en esos días debía tener algún problema con Roma, porque da la sensación en repetidas ocasiones, que todos sus habitantes se oponen tajantemente a una Roma que les oprime y les castiga. Debemos tener en cuenta también que Pompeya había sufrido un gravísimo terremoto en el año 62, del cual todavía no se había recuperado, encontrándose una parte importante de la ciudad en ese momento todavía en ruinas o en reconstrucción. Una Pompeya decadente totalmente ausente en la película, que nos muestra una gran ciudad feliz y bulliciosa.

Comienza la trama al más puro estilo Titanic: chica rica conoce a chico pobre y se enamoran, más o menos discutible, pero aquí no entraremos en eso. Nos interesa más saber que a la llegada de Casia, la chica rica, Pompeya está celebrando las vinalia rustica, una fiesta que tenía lugar el 19 de agosto. Sin embargo y adelantándonos un poco en la trama, en el momento que el Vesubio entra en erupción, siguen siendo las vinalia -que parecen durar al menos cinco días…- por lo que tenemos el primer error grave de la película -eso sin entrar a discutir la fecha real de la erupción, arqueológicamente datada en octubre y no en agosto-. Este es uno de esos errores fruto del puro empecinamiento de algún guionista. ¿Qué les habría costado celebrar la volcanalia del día 23 de agosto y Mundus Patens del día 24? A nuestro parecer es mucho más jugoso para la trama la celebración de la fiesta a Vulcano y la apertura de las puertas del infierno; ¡le da un sentido mucho más épico, y sobre todo más realista!

Pero sigamos adelante. Milo comienza a vivir y entrenar con los demás gladiadores en el anfiteatro de Pompeya -porque parece que el Ludus o escuela gladiatoria tampoco existía- y se encuentra con Ático, un gladiador experto que está a punto de conseguir su libertad.

Luchan, se hacen amigos y Ático, frente los improperios que Milo suelta contra la sociedad romana, contesta que él no quiere rebelarse contra nadie, sino conseguir su libertad e integrarse en la sociedad, como hablaría un gladiador campeón como él -aunque desgraciadamente Milo le convencerá pronto de que Roma merece ser destruida y demás consignas bravuconas-. En el anfiteatro, llamado siempre “arena” en la película, somos testigos de una lucha de gladiadores sin concierto y de estereotipos variados -a la par que falsos- como “Los que van a morir te saludan”, un armamento algo lamentable o el dichoso pulgar de la vida y la muerte; además de unos curiosos bustos de Nerón y Vitelio en la tribuna junto a los de Vespasiano y Tito.



Pero adelantemos un poco la trama hasta la parte en la que el Vesubio entra en erupción: una gran columna de humo se eleva hacia el cielo ocultando el sol ¿causando terribles grietas de varios metros de profundidad por toda la ciudad? ¿Destruyendo una sección completa del anfiteatro? ¿Escupiendo piedras en llamas de varios metros de diámetro directamente hacia Pompeya?

Que llamen a Plinio el Joven, que todo esto se le olvidó contarlo…

pompeya pelicula erupcion

A partir de aquí, la película más que la erupción del Vesubio pasa a ser una catástrofe de nivel bíblico con un volcán digital que alguien ha dejado accidentalmente en modo destrucción masiva y concentrada sobre Pompeya, con raciones inagotables de piedras imaginarias ardiendo. Hoy en día sabemos que tras los primeros minutos de la erupción, comenzó a caer sobre Pompeya una lluvia de fina y ligera piedra pómez y ceniza acompañadas de otras piedras pequeñas pero frías y mortíferas que comenzaron a acumularse sobre la ciudad. Sin embargo, una erupción pliniana como aquella no fue acompañada en ningún momento de “meteoritos” salidos del volcán que, eso si todo hay que decirlo, quedan muy bien en 3D.

La gente huye despavorida hacia el puerto, que se encuentra, inexplicablemente, nada más cruzar la puerta de la muralla a mano derecha, lo cual no podría estar más alejado de la realidad, pues la linea de costa se había ido alejando paulatinamente de la ciudad en los siglos anteriores. De pronto, ante el asombrado gentío, se produce un gigantesco tsunami que arrasa todo el puerto y media ciudad. Es cierto que debió producirse un pequeño tsunami -¡pequeño!- en la zona de Miseno, pero en Pompeya, el agua no solo no avanzó hacia la ciudad, sino que debió retirarse varios metros de la costa.

Una última perla antes de acabar, posiblemente producto de la traducción castellana de la película. Gracias a ella, ahora todo el mundo va a saber que en Roma se usaba como moneda de plata el dinar árabe de oro, que comenzó a circular más de cinco siglos después de la destrucción de Pompeya y no el denario romano de plata…

No os contaremos el final, pero esta película pedía a gritos un epílogo en la actualidad que nos concienciara del estado en el se encuentra hoy en día la ciudad de Pompeya, o qué menos que una corta visión aérea de las ruinas… Casi tres siglos de excavaciones y ni un solo fotograma en la película.

pompeya pelicula final cuerpos

Como última reflexión, nos gustaría apreciar que los 100 millones de dólares que ha costado esta superproducción podrían haber estado mucho mejor invertidos en la conservación del yacimiento real. Películas de romanos con tramas inventadas hay muchas, pero una cosa es hacer Gladiator, que a pesar de sus patadas a la historia no te cansarías de verla, y otra es esta película que tiene anacronismos, errores históricos y una trama de lo más simple y predecible, aunque si vas a verla por los efectos especiales, te vas a hinchar.




Para terminar te dejamos el comentario en video que hicimos en directo de la película. Te proponemos lo siguiente: prepara la película y empieza a ver nuestro video. Cuando lo digamos, dale al play y disfruta del espectáculo de forma simultánea. ¡Por Hércules, ojalá lo disfrutes!

Néstor F. Marqués – Coordinador Antigua Roma al Día

Comentarios (3)

  1. Pero qué empeño tienen los guionistas y escritores anglosajones por poner a los britanos como los buenos y a los romanos como los malos. Viva Roma.

    • Efectivamente… barren para casa, ¿no?, igual que los guionistas españoles ponen a los íberos como los buenos y a los romanos como los malos, aunque la influencia de ingleses y americanos en todo esto es mucho mayor, claro. Es una pena que se tiren a la basura buenas oportunidades para propiciar cultura…

      • Pues si haces una crítica sobre aquella serie de TV «Viriato» y su secuela no acabarías nunca de sacar despropósitos.

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